Audaces, desinhibidos y antipáticos hacia otras mascotas y con los humanos. Así es como se suele definir, en general, a los gatos. Quien tiene uno sabe que a veces puede ser amigable y hasta tierno, y que en otras ocasiones es mejor ni mirarlo. ¿Y si te digo que estos rasgos, tan comunes en los felinos, podrían ser signos de psicopatía?
No. No es un error de tipeo. Así como lo estás leyendo: un grupo de científicos de las Universidades de Liverpool y de John Moores analizaron encuestas a 2.000 dueños de estos animalitos de cuatro patas y concluyeron que todos los gatos domésticos presentan rasgos psicópatas. “Mi gato vocaliza fuerte sin motivo aparente” o “mi gato parece actuar en venganza”, fueron algunas de las peculiares (y alarmantes, podríamos decir) frases con las que describieron los amos a sus mascotas.
El estudio se trató de un test con 46 afirmaciones, con las que cada persona debía coincidir o no en cinco aspectos: audacia, relacionada con los bajos niveles de miedo y de estrés de las mascotas; desinhibición, es decir, problemas de autocontrol; maldad, caracterizada por la falta de empatía y la agresividad; la antipatía hacia otras mascotas; y, por último, la antipatía hacia los humanos.
La conclusión de los científicos es clara. “Los resultados proporcionan información sobre la estructura de la psicopatía triárquica en los gatos”, asegura la publicación. El estudio habla de un modelo triárquico porque define la psicopatía como un trastorno de tres elementos: 1) audacia 2) desinhibición y 3) mezquindad. Elementos que -confirma el estudio- están presentes en los mininos; en otras palabras, confirman que los gatos tienen, en su personalidad, la estructura de psicopatía triárquica.
Rasgos comunes
Diana Abascal es veterinaria y etóloga (especialista en comportamiento animal). Consultada por LA GACETA, admite haber leído el estudio, pero advierte de entrada: “si bien hay un montón de patologías o trastornos comportamentales que se traspolan de los humanos a los animales, la psicopatía no es uno de ellos. Todos esos rasgos que se describen en el estudio son absolutamente normales y forman parte del repertorio comportamental de los felinos”.
De hecho, la investigación confirma que los rasgos característicos del gato vienen desde su pasado, pero que hoy ya no son necesarios. “En términos evolutivos, es posible que la psicopatía ya no tenga una función adaptativa en el gato domesticado. En un entorno ancestral que exigía la autosuficiencia, los gatos salvajes que tenían niveles más altos de rasgos psicopáticos pueden haber tenido más éxito en la adquisición de recursos (por ejemplo, comida, territorio, oportunidades de apareamiento)”, indica el paper.
Ni generalizar ni definir
“No todos los gatos tienen esa mezquindad que se describe. Algunos la tienen más reforzada, otros son mas sociales.... En los gatos es muy marcada la diferencia de personalidades -remarca-; es bastante amarillista el estudio”.
Abascal explica que los rasgos del felino tampoco son definitorios. “Si en algún caso llegasen a ser indeseables para la convivencia, se pueden modificar y sin ningún problema, siempre y cuando sea de manera positiva, sin castigos ni nada que empeore la situación”, aclara.
“Hay que tomarlo con pinzas, y asegurarse siempre que la información venga de veterinarios que se dediquen a comportamiento y que hayan avalado ese estudio”, reflexiona. En rigor, el trabajo de la Universidad de Liverpool fue realizado por psicólogos y una bióloga.
Otras explicaciones
“Mi gato atormenta a su presa en lugar de matarla directamente” o “mi gato ronronea cuando ataca a personas o animales”, fueron otros resultados de los tests presentados. Todos, en mayor o menor medida, alarman y apoyan la teoría (confirmada por los autores) de que el gato posee rasgos psicopáticos.
“Eso, que se determina como psicópata, en realidad, es juego. El gato está jugando, ellos juegan a cazar. E incluso, hay muchos felinos que no saben hacerlo porque su madre no se los enseñó, o lo aprenden de otros gatos “, subraya Abascal.
La polémica se abrió en internet a partir del estudio. ¿Por qué se estudia al gato? ¿Será que quizá esperamos que los gatos sean como los perros y el verlos lejanos nos resulta poco amigable y los estudiamos de manera negativa? Si contraponemos dos animales con rasgos completamente diferentes, la solución puede ser concluir que uno es “malo” y el otro “bueno”. Ahora bien: “son totalmente diferentes. El canino es un animal gregario, y el felino no, no lo necesita, a diferencia del perro que tiene una necesidad fisiológica, para el gato es una necesidad casi obligada -dice-; tienen diferentes maneras de expresar el cariño. Son comparaciones que no hay que hacer”.